La emoción se palpa en el aire mientras Buñol, un pequeño rincón de Valencia, se alista para recibir a miles de visitantes en su tradicional evento conocido como la Tomatina, previsto para este miércoles 27 de agosto. El concejal a cargo de las festividades, Sergio Galarza, se muestra optimista y espera que la celebración sea un verdadero gozo para todos los participantes.
Este año, los preparativos incluyen la llegada de 120.000 kilos de tomates, traídos desde las fértiles tierras de Extremadura. Este fruto, que es exclusivo para la fiesta y no apto para el consumo, será el protagonista indiscutible de una jornada que busca simbolizar la esperanza y la calma tras los estragos causados por la dana del 29 de octubre de 2024.
“Después de lo que hemos pasado, es crucial que los valencianos mostremos nuestra resiliencia. Estamos aquí para celebrar y demostrar que renacemos ante la adversidad”, afirmó Galarza, mientras supervisaba la carga de tomates en los camiones que se realizaría este martes en la localidad.
La elección del tomate de tipo pera, único en su especie para la Tomatina, se hizo a través de un contrato por valor de 53.000 euros. “Sin este evento, este cultivo no tendría razón de ser. Se produce exclusivamente para nosotros”, explicó el concejal, destacando el carácter singular de este ingrediente festivo.
Con estimaciones que rondan las 22.000 personas, incluida la invitación de autoridades locales, la Tomatina de este año promete colgar el cartel de “no hay billetes”. Galarza espera que todos puedan disfrutar de un evento que no sólo atrae a locales, sino también a una multitud de turistas seducidos por la tradición.
El impacto económico de la Tomatina es considerable, influyendo no solo en Buñol, sino también en la provincia de Valencia. La celebración genera un gran movimiento en el sector turístico, destacando desde el transporte hasta la gastronomía, y se estima que traduce ingresos significativos que ayudan al municipio.
En su 78ª edición, la Tomatina, apodada ‘Tomaterapia’ este año, atraerá visitantes de diferentes partes del mundo, desde Hindúes hasta Australianos, sin embargo, Galarza señala una notable disminución en la llegada de turistas japoneses, lo que marca un cambio en la dinámica del evento.
Finalmente, Galarza enfatizó el deseo de Buñol de ser un espacio acogedor para todos: “En un día como hoy, un pueblecito de 10.000 habitantes se convierte en el epicentro de la atención global gracias a la cobertura mediática y las redes sociales, que permiten que todo el mundo esté al tanto de nuestra celebración”, concluyó.
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