Extremadura baja el paro en 1.700 personas, pero se destruyen 3.700 empleos
El paro baja en 1.700 personas en Extremadura, pero se destruyen 3.700 empleos. Qué significa para jóvenes, mujeres y familias.
El paro baja en Extremadura, pero el empleo sigue perdiendo terreno. Así de contradictorio es el dato del tercer trimestre: 1.700 desempleados menos, y al mismo tiempo 3.700 puestos de trabajo que desaparecen.
Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE, en la región hay ahora 64.600 personas sin trabajo, un 2,6% menos que en el trimestre anterior. La tasa de paro se queda en el 13,01%. Parece una buena noticia, pero conviene mirar el resto de la foto antes de celebrarla.
¿Por qué baja el paro si se destruye empleo? La clave está en la gente que ha dejado de buscar trabajo o ha salido del mercado. Los activos se han reducido en 5.500 personas en solo tres meses. Es decir, menos gente en el paro no siempre significa más gente trabajando: a veces significa que alguien ha dejado de intentarlo.
Para una familia extremeña, esto se nota en el día a día. Si en casa hay alguien que ha perdido su empleo y ha tirado la toalla, las estadísticas lo cuentan como una mejora, aunque en el bolsillo no haya ningún cambio. Y si trabajas, pero con menos horas o en un puesto más inestable, el dato tampoco te dice nada de eso.
Las mujeres son las que más notan la mejora: el paro femenino baja en 2.500 personas, hasta una tasa del 14,73%. Pero el paro masculino sube en 800 personas. Y el golpe más duro llega a los jóvenes: en menores de 25 años, el paro sube en 2.900 personas y la tasa llega al 34,24%. Más de uno de cada tres jóvenes que buscan trabajo en Extremadura no lo encuentra.
En el último año, el panorama tampoco es brillante. El paro ha bajado en 4.000 personas, pero se han destruido 5.500 empleos y la población activa ha caído en 9.500 personas. Es una región que pierde gente y pierde empleo al mismo tiempo.
¿Qué puede pasar ahora? Si la tendencia se mantiene, Extremadura seguirá necesitando más empleo de calidad para retener a su gente joven. Si no llega, el riesgo es seguir viendo cómo los jóvenes se marchan a otras comunidades. Los afectados deberían mirar más allá del titular: consultar los servicios públicos de empleo, formarse en sectores con demanda y, si están en paro, no dejar de buscar. Las cifras pueden mejorar en el papel, pero la realidad de cada hogar es la que de verdad cuenta.